Cualquier cambio que involucre la defenestración de un poder constituido corre el riesgo de la desfiguración de su esencia. . Su fracaso lo condenará a cualquier descalificación y en última instancia, lo destruirá. Ahí radica la utilización contraproducente de un discurso políticamente correcto para las masas y de una agenda oculta o clandestina, que es la verdadera intención de la sedición. Es la adecuación histórica del discurso lo que hace estéril la ideología. La ambivalencia, o mejor aun, la antinomia entre ambos se hace insostenible en el tiempo. Tal como lo afirmara Unamuno (1984) “los que creemos móviles de nuestra conducta no suelen ser sino pretextos”.
Esta aseveración no solo aplica a cambios sistémicos, sino que opera también hacia adentro de los procesos sociopolíticos. Las crisis financieras y sociales son explicadas por problemas de crédito, de mercado o de supuestas o reales conspiraciones de oposición, comportamientos desviados, etc. cuando lo que revela la procesión de desencantos es que las causas eficientes se encuentran en explicaciones más pedestres. La actual crisis que se abate sobre la economía global ha sido explicada mediante sesudos análisis macroeconómicos donde el abuso de los instrumentos hipotecarios, el apalancamiento exagerado y la ambición bancaria por especulaciones lucrativas han sido los más usados como argumentos de base. Sin obviar la participación de estos en el agravamiento de la crisis, el principal causante de los graves efectos que aquejan a la economía no ha sido mencionado. Permanece y pertenece en la ecuación antinómica, a la agenda oculta. No es más que la escalada en el inorgánico, aberrante e inmoral gasto militar. El armamentismo que se justificó durante los años de la guerra fría como necesario para enfrentar el “diabólico comunismo” tiene hoy el argumento que lleva aparejado la política de la supuesta lucha contra el terrorismo o la filosofía del “ataque preventivo” que se ha convertido en el discurso oficial de Occidente. La madre de todas las crisis del sistema financiero mundial no es ni por casualidad producto del azar cíclico del sistema, en la tradición de la explicación de la economía clásica. La constitución del estado policial y guerrerista es epitome de una nueva realidad cuyos principales derroteros no se han vislumbrado en toda su expresión, pero todo hace augurar que tendrá ribetes de una monumental tragedia.
Citas: Unamuno, Miguel (1984). "Sobre el sentimiento trágico de la vida". Editorial Orbis. Barcelona. España
jueves, 25 de septiembre de 2008
sábado, 16 de agosto de 2008
DECISION EJECUTIVA
La posibilidad, casi convertida en hecho, de la nacionalización del Banco de Venezuela ha sido percibida en las primeras de cambio, como una concreción de la política manifiesta del Gobierno Nacional de estatizar la banca. Todos los indicios apuntan hacia ese derrotero. Sin embargo, es preciso saber que no es, por lo menos en este caso, una decisión tan soberana. El Grupo Santander está ubicado entre los cinco primeros puestos de los consorcios financieros mas poderosos del mundo y en el año 2007 fue catalogado como el banco mejor gestionado del sistema financiero global, por encima de los tradicionales bancos norteamericanos, suizos y británicos. Uno de los criterios considerados fue el hecho del mantenimiento de la alta tasa de utilidad, aun cuando prácticamente todos los demás bancos pasaban por los coletazos de la crisis del mercado subprime que abatió al sector inmobiliario norteamericano, con efectos críticos en todo el sistema financiero mundial.
Dentro de la estrategia de gestión de este grupo español está la expansión de su presencia en el mercado europeo mediante la adquisición de Allience&Leicester de Gran Bretaña en una operación que excede los 1.500 millones de dolares y la posibilidad de compra del Dresdner Bank. Esto, evidentemente genera necesidad de flujos de caja impresionantes para hacer frente a estas operaciones. En este sentido, ya desde hace dos años, Emilio Botín, dueño mayoritario del grupo Santander, había asomado la posibilidad de vender activos en los mercados riesgosos e inestables (léase Venezuela y Argentina). En el caso local, se filtró la oferta que habían hecho los accionistas de Banco Occidental de Descuento para adquirir el banco de Venezuela. Está ofertada fue vetada por el presidente de la República y un día antes del anuncio por parte del presidente de nacionalizar el banco, el Grupo Santander emitió bonos por 2000 millones de euros. De esto se desprende que la estrategia de buscar liquidez por parte del Grupo se coronaría con éxito al desprenderse del banco en Venezuela.
Independientemente de la intención del Gobierno Nacional de continuar con una posible estatización de la banca, los beneficios del Santander están a buen resguardo
Dentro de la estrategia de gestión de este grupo español está la expansión de su presencia en el mercado europeo mediante la adquisición de Allience&Leicester de Gran Bretaña en una operación que excede los 1.500 millones de dolares y la posibilidad de compra del Dresdner Bank. Esto, evidentemente genera necesidad de flujos de caja impresionantes para hacer frente a estas operaciones. En este sentido, ya desde hace dos años, Emilio Botín, dueño mayoritario del grupo Santander, había asomado la posibilidad de vender activos en los mercados riesgosos e inestables (léase Venezuela y Argentina). En el caso local, se filtró la oferta que habían hecho los accionistas de Banco Occidental de Descuento para adquirir el banco de Venezuela. Está ofertada fue vetada por el presidente de la República y un día antes del anuncio por parte del presidente de nacionalizar el banco, el Grupo Santander emitió bonos por 2000 millones de euros. De esto se desprende que la estrategia de buscar liquidez por parte del Grupo se coronaría con éxito al desprenderse del banco en Venezuela.
Independientemente de la intención del Gobierno Nacional de continuar con una posible estatización de la banca, los beneficios del Santander están a buen resguardo
jueves, 7 de agosto de 2008
CAMINOS DE OSCURIDAD
En el año de 1991 se destapó un escándalo de imperecederas consecuencias en la estructura financiera mundial y en la credibilidad de los órganos contralores tanto públicos como privados. El Banco de Crédito Comercial Internacional (BCCI) se declaró en quiebra. Alrededor de trece mil millones de dólares habían desaparecido. Las firmas de auditoria Price Waterhouse y Ernest and Young, encargadas en los años precedentes a la debacle, de la revisión de dicho banco fueron demandadas por los acreedores por un monto cercano a los once mil millones de dólares. Previamente se había vivido la caída de Banco Ambrosiano, ligado con las finanzas del Vaticano y donde el hueco fue de más de mil millones de dólares. Posteriormente hubo el fracaso de otros bancos, tales como los ocurridos en Venezuela, con el Banco Latino como principal protagonista seguido por una cincuentena de instituciones financieras. Estos son un mínimo ejemplo de los hechos de corrupción que se han revelado y que reflejan los comportamientos sintomáticos de entes económicos donde el poder y la riqueza se apareja con el delito. Lo notable es que este tipo de organizaciones están sujetas a numerosos mecanismos de vigilancia y aun así se presentan estos bochornos hechos.
¿Qué sucede cuando no existan los mencionados mecanismos de control? Cuando un ente es manejado a discrecionalidad por un gobierno o sus delegados, no hay ninguna garantía de transparencia. Aunado a esto, en un marco jurídico incierto, donde existen contradicciones doctrinales entre la Carta Magna y las leyes instrumentadas vía ejecutiva, y entre cantos y media noche se impone una reforma previamente rechazada por la mayoría. El futuro del sistema financiero en esas condiciones es un garantizado camino a la bancarrota y a la convulsión económico-social. Dentro de este marco, seria previsible la reacción de los ciudadanos para advertir del mal camino elegido. Pero no hay respuesta. Por un lado, los lideres opositores embarcados en una campaña electoral donde cualquier victoria será pírrica, en caso de poder llamarse victoria, y por otro lado los seguidores gubernamentales inocentes narcotizados por ideologías decimonónicas y totalitarias; y los no tan inocentes miembros de la nueva elite del gobierno, ocupados en el reparto y disfrute del Festín de Baltasar.
No hay finales felices sin el trabajo creador, la educación critica, la libertad de conciencia y la acción honesta y sincera en búsqueda de caminos donde quepan todos. La retaliación, la venganza y el crimen ni siquiera garantizaron el éxito de las familias mafiosas del crimen organizado. Jamás podrán constituirse en una ideología política para todo un pueblo
¿Qué sucede cuando no existan los mencionados mecanismos de control? Cuando un ente es manejado a discrecionalidad por un gobierno o sus delegados, no hay ninguna garantía de transparencia. Aunado a esto, en un marco jurídico incierto, donde existen contradicciones doctrinales entre la Carta Magna y las leyes instrumentadas vía ejecutiva, y entre cantos y media noche se impone una reforma previamente rechazada por la mayoría. El futuro del sistema financiero en esas condiciones es un garantizado camino a la bancarrota y a la convulsión económico-social. Dentro de este marco, seria previsible la reacción de los ciudadanos para advertir del mal camino elegido. Pero no hay respuesta. Por un lado, los lideres opositores embarcados en una campaña electoral donde cualquier victoria será pírrica, en caso de poder llamarse victoria, y por otro lado los seguidores gubernamentales inocentes narcotizados por ideologías decimonónicas y totalitarias; y los no tan inocentes miembros de la nueva elite del gobierno, ocupados en el reparto y disfrute del Festín de Baltasar.
No hay finales felices sin el trabajo creador, la educación critica, la libertad de conciencia y la acción honesta y sincera en búsqueda de caminos donde quepan todos. La retaliación, la venganza y el crimen ni siquiera garantizaron el éxito de las familias mafiosas del crimen organizado. Jamás podrán constituirse en una ideología política para todo un pueblo
martes, 22 de julio de 2008
LOS COSTOS OCULTOS DE LAS UTOPIAS
En todo el bagaje de explicaciones que pretenden instaurar una cosmovisión “novedosa” o revolucionaria, además de la presunción de la funcionabilidad económica (que parte de errores comprobados en los intentos fallidos) hay una aun más dramáticamente grave: “los nuevos hombres y mujeres” revolucionarios no tienen vicios, ni herencias del viejo sistema. Una increíble metamorfosis se produce por obra y gracia de la asunción revolucionaria. Son impolutos, son en definitiva, agentes inmaculados del cambio. El poder no los afecta, su desprendimiento para lograr “la mayor suma de felicidad posible” los hace actuar en beneficios de todos. De todos los que queden vivos. Y esos que queden, vivirán en una democracia, una del tipo definida por una conseja parecida a “todas las decisiones se adoptaran democráticamente por el líder máximo, y quien no este de acuerdo será ejecutado” (1)
Dentro de esta lógica, la figura del Estado, que en la teoría clásica marxista tiende a desaparecer (en la teoría solamente) adquiere una connotación diferente. Es un Megaestado que todo lo rige, todo lo controla y es el que administra la felicidad y la verdad. En una frase “la sociedad sin clases” estará regida por un Estado corporativo al estilo de Mousolinni: “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado”
Es un tanto triste ocuparse de estos temas que pueden sonar baladíes y demodé, mas aun cuando el mundo marcha en la búsqueda de una emancipación que supere las miserias del capitalismo y del socialismo totalitario. Sin embargo todo indica que la principal cuestión y raíz económica del problema no ha sido visualizada y menos aun introyectada por los nuevos héroes: El intercambio de bienes y su precio no se basa únicamente en el trabajo contenido en su elaboración (tanto físico como intelectual). Se fundamenta en la escasez, la cual genera sus grados de valor. Un vaso de agua fría no cuesta lo mismo en el Salto de la Llovizna que en el desierto del Sahara. Estas cuestiones elementales llevan a las mas extremas de las barbaries genocidas en nombre de mundos mejores.
Si las propuestas de cambios políticos y sociales no escatiman en los costos humanos, menos, mucho menos va a parar mientes en la factibilidad económica de sus propuestas. Al fin y al cabo, tal como lo sostiene Desiato “las revoluciones, al igual que las iglesias, en lugar de educar políticamente (y socialmente, agregamos nosotros) suelen adoctrinar con sus ideologías, con sus normas positivas que no deben ser discutidas sino obedecidas sobre la base de la creencia que la revolución es portadora de la verdad misma. Así, bien pronto, la participación y el protagonismo desaparecen para dar lugar a la repetición de conductas y pensamientos prefabricados por el partido único, su “comité central” o su líder” (2). Hay un mar de fondo que suele ser obviado, independientemente de las argumentaciones que se esgriman o se acepten. ¿Y si estuviésemos equivocados, si en el “supuesto negado” de que “nuestra revolución” no sea el camino que nos conduzca a la sociedad soñada, como justificamos o rehacemos la vida de los caídos en el Altar de la Patria, en la Vorágine de la Revolución, en la “Lucha de la Causa Justa” o con cualquier otro nombre estólido con el cual se quiera justificar la masacre. Esto solo se puede decir con una frase necia: No hay felicidad cuando se está muerto.
Notas:
(1) Paráfrasis de palabras emitidas por el venezolano Ilich Ramírez Sánchez, según la versión de David Yalop. “Hasta los confines del mundo”. Editorial Planeta. 1995. España.
(2) Desiato, M. (febrero, 17 de 2007). El fracaso de las revoluciones. Diario El Nacional. Pg. A-6. Caracas.
Dentro de esta lógica, la figura del Estado, que en la teoría clásica marxista tiende a desaparecer (en la teoría solamente) adquiere una connotación diferente. Es un Megaestado que todo lo rige, todo lo controla y es el que administra la felicidad y la verdad. En una frase “la sociedad sin clases” estará regida por un Estado corporativo al estilo de Mousolinni: “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado”
Es un tanto triste ocuparse de estos temas que pueden sonar baladíes y demodé, mas aun cuando el mundo marcha en la búsqueda de una emancipación que supere las miserias del capitalismo y del socialismo totalitario. Sin embargo todo indica que la principal cuestión y raíz económica del problema no ha sido visualizada y menos aun introyectada por los nuevos héroes: El intercambio de bienes y su precio no se basa únicamente en el trabajo contenido en su elaboración (tanto físico como intelectual). Se fundamenta en la escasez, la cual genera sus grados de valor. Un vaso de agua fría no cuesta lo mismo en el Salto de la Llovizna que en el desierto del Sahara. Estas cuestiones elementales llevan a las mas extremas de las barbaries genocidas en nombre de mundos mejores.
Si las propuestas de cambios políticos y sociales no escatiman en los costos humanos, menos, mucho menos va a parar mientes en la factibilidad económica de sus propuestas. Al fin y al cabo, tal como lo sostiene Desiato “las revoluciones, al igual que las iglesias, en lugar de educar políticamente (y socialmente, agregamos nosotros) suelen adoctrinar con sus ideologías, con sus normas positivas que no deben ser discutidas sino obedecidas sobre la base de la creencia que la revolución es portadora de la verdad misma. Así, bien pronto, la participación y el protagonismo desaparecen para dar lugar a la repetición de conductas y pensamientos prefabricados por el partido único, su “comité central” o su líder” (2). Hay un mar de fondo que suele ser obviado, independientemente de las argumentaciones que se esgriman o se acepten. ¿Y si estuviésemos equivocados, si en el “supuesto negado” de que “nuestra revolución” no sea el camino que nos conduzca a la sociedad soñada, como justificamos o rehacemos la vida de los caídos en el Altar de la Patria, en la Vorágine de la Revolución, en la “Lucha de la Causa Justa” o con cualquier otro nombre estólido con el cual se quiera justificar la masacre. Esto solo se puede decir con una frase necia: No hay felicidad cuando se está muerto.
Notas:
(1) Paráfrasis de palabras emitidas por el venezolano Ilich Ramírez Sánchez, según la versión de David Yalop. “Hasta los confines del mundo”. Editorial Planeta. 1995. España.
(2) Desiato, M. (febrero, 17 de 2007). El fracaso de las revoluciones. Diario El Nacional. Pg. A-6. Caracas.
martes, 1 de julio de 2008
EL MIEDO A LAS ETIQUETAS
La manía de inventar palabras para llenar un discurso que por anacrónico e insostenible, parece ser la moda de los autodenominados inteligencia. “Cambio epocal”, “crisis cilivizacional” y otras monsergas por el estilo adornan a los anteriores marxistas leninistas devenidos en socialistas bolivarianos o con mayor elegancia, en postmodernos de “izquierda”. Y aquí radica la peor de las situaciones. El miedo a las etiquetas. Los que alguna vez albergaron (¿o albergamos?) honestamente la esperanza del cambio revolucionario, del vuelco de una sociedad esencialmente injusta y explotadora por otra solidaria e igualitaria en oportunidades, se encuentran en una encrucijada nefasta. Si reniegan de su fracasado sueño, son de “derecha”, vendidos al imperialismo. Pero si se mantienen en la vieja ideología retrasada y errónea, se saben momias políticas y negadoras de la esencialmente totalitaria aventura. La única opción es la de los “discurseadores de oficio”, los impolutos, los puros, los portadores; antes del dogma ortodoxo; hoy del verdadero camino libre de desvíos y una vez corregida la herejía de los antiguos padres (Lenin, Mao, Stalin). Esta agrupación de intelectuales que lanzan sus dardos gramaticales, por ratos contra el gobierno y otros contra la revolución (¿o es lo mismo?), siempre contra el imperialismo, han medrado oportunamente a la sombra del poder de turno, criticándolo o loándolo. Lo mas cerca que han estado de la pólvora es cuando presencian los juegos artificiales de las celebraciones de la nueva historiografía patria. Una dialéctica, que como siempre, ha servido para justificar todo y para construir nada.
Tarde o temprano todos los que se atreven a pensar distinto son etiquetados. O ignorados, en una especie de mafiosa ley del silencio. La dicotomía perversa se mantiene en nuestro tiempo. Nos guste o no, la tendencia a comprometer, a clasificar o a etiquetar se mantiene. Se discute el formato de lo que se dice y no el fondo de los planteamientos. Es una agotadores e infructuosa pérdida de tiempo tratar de ubicar el adjetivo que aplica. Y mientras, el viejo y el no tan nuevo status se mantienen con ínfulas de perpetuidad
Tarde o temprano todos los que se atreven a pensar distinto son etiquetados. O ignorados, en una especie de mafiosa ley del silencio. La dicotomía perversa se mantiene en nuestro tiempo. Nos guste o no, la tendencia a comprometer, a clasificar o a etiquetar se mantiene. Se discute el formato de lo que se dice y no el fondo de los planteamientos. Es una agotadores e infructuosa pérdida de tiempo tratar de ubicar el adjetivo que aplica. Y mientras, el viejo y el no tan nuevo status se mantienen con ínfulas de perpetuidad
sábado, 28 de junio de 2008
El discurso inútil
Las discusiones sobre la complejidad y el pensamiento único adolece de una grave marca o estigma: su vacío de consecuencias. El carácter de tertulia entre adversarios ideológicos no termina de romper el celofán de la profunda crisis de humanidad que lleva más de quinientos años. Que si es la Modernidad o no, notifica que es innecesario caer en el torneo logorreico que ha llenado de libros los anaqueles de la mayoría de las bibliotecas del mundo. La reflexión necesaria y aportadora de nuevas ideas no llenan la barriga de los hambrientos, no curan alas victimas de las endemias, no evitan la destrucción suicida del planeta, no previenen las guerras de “baja” o de “alta” intensidad, no defenestran gobiernos ni eliminan injusticias. Hay un sistema que se ha mantenido, execrable, con resultados en riqueza, consumo, muerte, injusticias, colonialismo, etc. Pero aun sigue vivo. Y lo grave de todo es que no se asoma nada mejor después de los ensayos fracasados del socialismo real. No es momento de anacronismos, de rescate de doctrinas fracasadas, de ideologías totalitarias y castrantes. Si dotar al hombre de un plan de acción y pensamiento liberador se llama ideología, habrá que crearla, buscando salidas que curen, que solucionen y que den sentido al accionar del hombre como especie… biológicamente…filosóficamente.
No hay nada más aberrante que convertirse en la conciencia moral o intelectual de un país. Esa pareciera ser la búsqueda de los propiciadores de debates inútiles. No es que se intente rescatar otro fósil tal como el utilitarismo. Se trata más bien de percatarnos del hecho que mientras se habla de los proyectos de construcción de mundos distintos, se nos está cayendo a pedazos el único que poseemos y con el cual aún contamos.
No hay nada más aberrante que convertirse en la conciencia moral o intelectual de un país. Esa pareciera ser la búsqueda de los propiciadores de debates inútiles. No es que se intente rescatar otro fósil tal como el utilitarismo. Se trata más bien de percatarnos del hecho que mientras se habla de los proyectos de construcción de mundos distintos, se nos está cayendo a pedazos el único que poseemos y con el cual aún contamos.
jueves, 28 de febrero de 2008
LA DESNUDEZ IDEOLOGICA
La presencia de la finitud, la conciencia del término y del vacío preparan nuestro ser a dilucidar el secreto de la existencia. No es intuición intelectual, tal como la conciben Hegel o Schopenhauer; tampoco es la razón deificada de un positivismo extremo. Ni se trata aun del éxtasis místico de los santones. Es el acercamiento a la evidencia de la futilidad, la nada del poder, la inutilidad de la gloria. Es el estar ante el proceso de aprehensión final, de una oscuridad inmediata, que solo la vida y la cercana muerte pueden mostrar. Vivimos bajo la cobija de las creencias, pero en el acto de desarroparse de estas, cuando la honestidad, al estar solos, nos obliga a enfrentar las preguntas terminales, en esa infinita soledad de uno, del yo único y sin muletas religiosas, políticas ni científicas; es cuando vislumbramos lo que realmente somos.
La fe endilga esperanzas a una convicción cerril. No hay discusión posible ante la presunción del contacto con el infinito, con la Divinidad. No anclamos ninguna discusión en la convicción de la fe. Es una búsqueda que no puede ser contrariada. Solo asumida. Se puede cuestionar incluso la viabilidad de los argumentos, aislándolos como producto de la soberbia “razón”; tan virulentamente cuestionada en estos tiempos “postmodernos”. De nada sirven, se aduce, e incluso pueden ser tautológicos. Pero en el fondo, la duda se cierne siempre sobre el creyente. Individuo, colectivo. Términos dicotómicos que se convierten en ídolos. Instrumentos para el subterfugio. Hasta la misma conciencia como atributo puede ser asociada a la “idolización”, al estilo de Bacon. El profundo debate obliga a una búsqueda que concilie el extremo pesimismo individualista, intimista, de un Schopenhauer con los disparatados paraísos colectivista de un Marx. No deja de ser paradójico que todavía nos movamos entre filósofos de siglos anteriores en una época de avanzada y despiadada tecnología.
Los complejos esquemas de abstracción que remiten a explicaciones donde leyes históricas, sociales o científicas dirigen y determinan el destino del hombre societal (neologismo dirigido al referente de hombre en comunión social) o individual, castran la potencialidad humana de ser dueños de su destino. Mas aun, estas abstracciones, al convertirse en dogmas, cercenan la vital, la necesaria libertad de conciencia, si es que esta es posible. La instrumentalización de las abstracciones teóricas son, en última instancia, los mecanismos ideológicos para el sometimiento, bien sea político, religioso o social. La “falsa conciencia”, la conciencia alienada o cualquiera sea el epíteto, presuponen un andamiaje ideológico que nada tiene de diferente a los calificativos que se usan contra las causas que se pretenden combatir. Ambas líneas se fundamentan en dogmas o en visiones de mundo, en filosofías parcializadas y sesgadas por enfoques cerrados. Es posible que aquí el pensamiento complejo de Morin nos ayude a entender. Sin embargo, la causación, la evidencia del dominio, de la servidumbre no la eliminan. En la mayoria de los casos solo la explican y en menor grado, tratan de “superarlas” con nuevos sistemas, nuevos modelos que solo cambian de nombre pero que sustantivamente mantienen la misma situación con distintos nombres y con otros actores.
La fe endilga esperanzas a una convicción cerril. No hay discusión posible ante la presunción del contacto con el infinito, con la Divinidad. No anclamos ninguna discusión en la convicción de la fe. Es una búsqueda que no puede ser contrariada. Solo asumida. Se puede cuestionar incluso la viabilidad de los argumentos, aislándolos como producto de la soberbia “razón”; tan virulentamente cuestionada en estos tiempos “postmodernos”. De nada sirven, se aduce, e incluso pueden ser tautológicos. Pero en el fondo, la duda se cierne siempre sobre el creyente. Individuo, colectivo. Términos dicotómicos que se convierten en ídolos. Instrumentos para el subterfugio. Hasta la misma conciencia como atributo puede ser asociada a la “idolización”, al estilo de Bacon. El profundo debate obliga a una búsqueda que concilie el extremo pesimismo individualista, intimista, de un Schopenhauer con los disparatados paraísos colectivista de un Marx. No deja de ser paradójico que todavía nos movamos entre filósofos de siglos anteriores en una época de avanzada y despiadada tecnología.
Los complejos esquemas de abstracción que remiten a explicaciones donde leyes históricas, sociales o científicas dirigen y determinan el destino del hombre societal (neologismo dirigido al referente de hombre en comunión social) o individual, castran la potencialidad humana de ser dueños de su destino. Mas aun, estas abstracciones, al convertirse en dogmas, cercenan la vital, la necesaria libertad de conciencia, si es que esta es posible. La instrumentalización de las abstracciones teóricas son, en última instancia, los mecanismos ideológicos para el sometimiento, bien sea político, religioso o social. La “falsa conciencia”, la conciencia alienada o cualquiera sea el epíteto, presuponen un andamiaje ideológico que nada tiene de diferente a los calificativos que se usan contra las causas que se pretenden combatir. Ambas líneas se fundamentan en dogmas o en visiones de mundo, en filosofías parcializadas y sesgadas por enfoques cerrados. Es posible que aquí el pensamiento complejo de Morin nos ayude a entender. Sin embargo, la causación, la evidencia del dominio, de la servidumbre no la eliminan. En la mayoria de los casos solo la explican y en menor grado, tratan de “superarlas” con nuevos sistemas, nuevos modelos que solo cambian de nombre pero que sustantivamente mantienen la misma situación con distintos nombres y con otros actores.
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