sábado, 19 de mayo de 2018


LA PERSISTENCIA DEL ABSURDO

La historia universal refleja, como constante trágica, el empeño de construir utopías que indefectiblemente han conducido a la tragedia y al asesinato en masa. Decía Heráclito: “todo fluye, todo cambia, nada permanece”. Poco o ningún caso se le ha hecho a esta máxima del insigne presocrático. El absurdo empeño de identificar una verdad única, que luego se convierte en un dogma negador de la natural pluralidad humana, ha sido una nefasta presencia que se niega a desaparecer y en un “eterno retorno”, cobra victimas bajo el cobijo de ideologías políticas, mensajes religiosos y sectas de todo pelo. La aceptación de ese liberador fluir heraclitiano pasa por deslastrarse de ser servidumbres ideológicas que enceguecen y nublan la necesaria claridad para aceptar las incongruencias e irracionalidades en el comportamiento humano.
No deja de ser paradójico que la nobleza de ideales como la justicia, la igualdad, la democratización del poder, la búsqueda de la felicidad sean los motores que justifican la mayoría de estas luchas y construcciones ideológicas. El riesgo o hecho consumado, es que se convierten en instrumentos cuasi religiosos de leyes inamovibles con la consecuente generación herejes, contras, perseguidos, culpables “objetivos”, opositores y “gusanos” que son sacrificados por negarse a aceptar la “verdad revelada”. El convencimiento de la existencia de verdades absolutas en lo político y en lo social conducen al totalitarismo y la tiranía. Esto no es, para nada y por nada, un aforismo gratuito. En pleno siglo XXI somos testigos de excepción de la reedición de una idea esclerotizada y anacrónica de la búsqueda del viejo y decimonónico “hombre nuevo” y de la “sociedad perfecta” que ha convertido a millones de seres humanos en simples y famélicos autómatas esperando una eventual limosna o caja de comida. Esto sin contar con el costo atroz de vidas humanas sacrificadas en las bárbaras y espeluznantes represiones ante la indiferente mirada del resto del mundo


¿VIRTUAL O REAL? O QUE ALGUIEN ME DESCONECTE

Algunos físicos, cosmólogos y otros científicos no tienen problema hoy en día en contemplar la posibilidad de que todos estemos viviendo dentro de una simulación computarizada gigante, como en la famosa película de finales de los años 90, The Matrix. Nos rebelamos por instinto ante esa idea, por supuesto. Todo se siente demasiado real como para ser una simulación. Pero pienso por un momento en el extraordinario progreso que ha habido en computación y tecnologías de la información en décadas recientes. Las computadoras nos han dado juegos de increíble realismo, así como simuladores de realidad virtual muy persuasivos. Es más que suficientemente para ponerse paranoico.
Parece ser que hay pueblos con vocación suicida o programadores de videojuegos tan trastornados que son capaces de crear una realidad virtual tan profundamente enferma en donde: Un presidente cuyo venezolanidad de nacimiento es dudosa. Una Asamblea Nacional mayoritariamente electa y permanentemente ignorada y maniatada de manera irrita, por un TSJ a la orden del ejecutivo y cuyos integrantes son los de menor rango académico y sapiencia jurídica desde la instauración de la institución. Presos políticos olvidados, torturados y enfermos sin ninguna acción política efectiva para su liberación, una economía de postguerra perdida con los más bajos índices de productividad en más de 100 años. La inflación más grande del planeta, unas fuerzas armadas desplegadas para amedrentar y crear zozobra en los ciudadanos comunes. La oposición dividida en parcelas individuales cuadrando posiciones para unas irritas, desconocidas y rechazadas elecciones presidenciales cuya realidad luce remota sujeta a un árbitro electoral subalterno rastrero del poder político. Los mayores niveles de hambre, miseria y desabastecimiento sólo comparables a las de la época de la Guerra Federal durante el siglo XIX. La mayor crisis humanitaria por carencia de medicinas en la historia de la nación, con enfermedades reincidiendo cuando ya históricamente se consideraban erradicadas, donde niños con cáncer han salido a protestar por la inexistencia de fármacos. La recaudación e importación clandestina de comida y suministros médicos, por la negativa del gobierno para aceptar su incapacidad manifiesta; o, en el peor de los casos, una negligencia criminal para controlar mediante el hambre a una sociedad famélica. La legalización de bandas armadas de choque para actuar contra la población civil e indefensa, al estilo de las camisas pardas de Fascismo italiano y de las camisas negras del Nazismo alemán. La negación y sabotaje de las salidas constitucionales por parte del presidente, cuyo calamitoso y limitado verbo, solo le permite emitir disparates y slogans memorizados, recibido de sus titiriteros extranjeros. La infiltración de cuerpos de seguridad por agentes externos en el área de defensa, salud, deporte y seguridad interior, con la aquiescencia de los las autoridades nacionales. La represión a sangre y fuego de cualquier tipo de protesta, y la inmediata culpabilización de las víctimas y premiación a los esbirros masacradores,. El mayor número de altos funcionarios encauzados en el exterior y sospechosos de crímenes que van desde el narcotráfico hasta el blanqueo de dinero. Y son muchas miserias y escandalosas razones que harían esta descripción interminablemente terrorífica.  ¿Cómo es posible que haya personas, en el mundo real que crean y defiendan esta bochornosa y criminal pseudo-revolución trágico bufa? Hay momentos donde creo que voy a despertar y verificar que estoy conectado a The Matrix

viernes, 28 de abril de 2017

LA FARSA Y LA TRAGEDIA DE LA HISTORIA

 

“La historia se repite, una vez como tragedia y otra como una farsa” (Carlos Marx)

Uno de los dilemas político-morales que mayor cantidad de tinta ha hecho rodar es el de “El fin justifica; o no justifica, los medios”. Independiente de la posición en la que nos ubiquemos, hay un elemento que genera toda la conflictividad: el ansiado fin.  Siempre, el uso de los medios, de una u otra manera, presupone el logro de un fin. La tragedia es cuando se asume todo un repertorio de violencias, manipulaciones y crímenes y al concluir el día, ni siquiera el fin existe.

Es este el caso de los regímenes neo totalitarios, cuyo acceso al poder se realiza, no por  revueltas violentas, sino a través de medios electorales legales. Son una farsa. Esta forma de asunción del poder no es nueva. Como ya lo sabemos, la elevación de Hitler se produjo en términos de Gobierno de la mayoría. Esta fue, de hecho, “la primera gran revolución de la Historia realizada mediante la aplicación del código formal legal existente en el momento de la conquista del poder”

La culminación no es el logro de una sociedad ideal, un mundo de justicia y prosperidad; la eliminación de la lucha de clases, la superioridad de la raza o cualquiera sea la argamasa ideológica de la cual se revista el proyecto o movimiento. El acceso al poder pasa a ser un mecanismo de dominio permanente sin ningún logro concreto para las masas de fanáticos uniformados por la ira, la desesperación, el resentimiento o; paradójicamente, la indiferencia.

Uno de los dos pecados capitales de las democracias occidentales es que tienden a incrementar la indiferencia de los electores al convertir la representación de los ciudadanos en torneos discursivos sin contenido ni  logros concretos. La no participación de la sociedad civil en decisiones de incidencia directa en su vida ciudadana se inclina a este tipo de tendencias. El otro pecado es que el concepto de tolerancia a todas las corrientes de pensamiento lleva, en algunos casos, a un suicidio político del sistema. Al aceptar dentro de su institucionalidad, partidos antisistema o extremismos disociadores, es cuestión de tiempo que la crisis se genere y se establezcan regímenes de fuerza o totalitarios. Estos encuentran condiciones óptimas en esas masas preteridas o indiferentes, las cuales son atraídas mediante promesas reivindicativas de mesianismos utópicos o de movimientos de evolución y o revolución perpetua.

La irreversibilidad de estas situaciones, donde unos presuntos “iluminados” acceden al poder para quedarse adquiere una fisonomía propia de irracionalidad en donde se aceptan todos los excesos y en algunos casos se soslayan los crímenes.  Es una fanatización de las masas, que la lleva a comportamientos que escapan a cualquier explicación sensata. Tal como lo indica Hannah Arendt:

“El factor inquietante en el éxito del totalitarismo es más bien el verdadero altruismo de sus seguidores: puede ser comprensible que un nazi o un bolchevique (o un chavista, agregaríamos nosotros) no se sientan flaquear en sus convicciones por los delitos contra las personas que no pertenecen al movimiento o que incluso sean hostiles a este; pero el hecho sorprendente es que no es probable que ni uno ni otro se conmuevan cuando el monstruo comienza a devorar a sus propios hijos y ni siquiera si ellos mismos se convierten en víctimas de la persecución, si son acusados y condenados, si son expulsados del partido o enviados a un campo de concentración”

Estas características descartan cualquier salida o alternabilidad electoral o negociada por cuanto no existe una finalidad especifica desde el punto de vista de construcción social o de reivindicación. El poder gira en torno a un hegemón o grupo, de comportamientos gansteriles y sin motivaciones de alternabilidad sino de perpetuación. El costo social y humano deja secuelas cuya sanación puede durar generaciones.

Referencias:

“Los orígenes del totalitarismo” Hannah Arendt. Editorial Taurus.2008.Bogotá.Colombia

jueves, 20 de abril de 2017

SIEMPRE QUEDA LA ESPERANZA

Somos el resultado de nuestros actos. Es evidente que el azar puede afectar nuestro ejercicio vital, pero en última instancia somos nosotros los que decidimos nuestro derrotero. Es común creer, sobre todo cuando nos sobra juventud y nos falta experiencia, que podemos controlar nuestras acciones y minimizar las consecuencias de estas. Muy tarde la vida nos enseña que no es así. Ninguna mala acción  puede dar origen a resultados buenos. Al fin y al cabo, todo hecho es producto del material del cual está constituido. Y si lo que resumamos es mentira, odio, manipulación e infidelidad; el resultado es necesariamente dolor, ira, decepción y soledad. Pero independientemente de las consecuencias, siempre es preciso hacer un alto en el camino, evaluar el estado de la situación y perdonarnos. El perdón incluye el arrepentimiento, el reconocimiento de la mala obra y por supuesto el aprendizaje para evitar la reincidencia. Esto puede traducirse en un simple ejercicio retórico si no hay claridad y transparencia en la voluntad de cambio.


Los caminos para este cambio también enseñan. Muchas mascaras se caen. Al final descubres quien te amó con todos tus defectos y quien solo dependía de una apariencia, de un icono. Las inconsecuencias, los abandonos, los desplantes también son parte del nuevo acerbo  que debes afrontar. De lo que hay que cuidarse es de no perder las perspectivas, no asumir fantasmas de persecuciones imaginarias, de supuestos complots que te hacen a ti el blanco perseguido. Es esta una sublimación del sentimiento de culpa. Es imprescindible asumir las consecuencias, pero no quedarse en el atolladero. La vida, enriquecida con la experiencia, debe continuar en búsqueda de una felicidad preterida pero no negada, posible en la medida que saldes tus cuentas con el pasado inmediato. Lo más difícil en esta coyuntura es el examen de nuestros actos con la mayor sinceridad posible. No buscar atajos de justificación burda, el reto y el camino es reconocer que hemos equivocado la senda transitada. No hay vuelta atrás. El tiempo  es irreversible, y con él todo el aparataje de vivencias, acciones y decisiones que asumimos y desembocaron en la crisis de vida. Es vital darle oportunidad a la esperanza, a la posibilidad de mejorar. En alguna ocasión, alguien escribió que nuestra vida es lo que somos en cada momento final, no somos el dolor pasado, la culpa anterior, el error cometido y superado. Es el aquí y el ahora lo que configura nuestro hacer, nuestro ser. De ahí la importancia de deslastrarnos de las cargas que no ayudan. Una vez llegado al final del viaje, no se sostienen las maletas. Lo que aconseja esto es iniciar nuevamente un camino, ligero de  equipaje.

jueves, 8 de septiembre de 2016

La vida que mata



Dentro de las estrategias rastreras de los regímenes autoritarios y despóticos está precisamente llevarnos a límites de legítima desesperación y angustia, hacernos caer en ese estado para arremeter contra los ciudadanos justamente indignados, mediante una “justicia” venal, manipulada y evidentemente represiva. Esto me lleva a traer a colación un pasaje del gran escritor y pensador venezolano Mario Briceño Iragorry. Hace aproximadamente 60 años escribió su ensayo “Mensaje sin destino”, para un contexto histórico distinto, pero que paradójica y asombrosamente calza en nuestro triste, terrible y trágico momento que actualmente padecemos. Sostenía que:
“En medio de esta gran crisis de la civilización universal, sigue, agrandada por aquélla, su curso fatal la crisis de lo privativo venezolano. Mientras contemplamos la nuestra, vemos llegar hasta nosotros el oleaje amenazante de la guerra en gestación. Un deber de hombres nos obliga, sin embargo, a desechar toda actitud milenarista, para seguir discurriendo como si la nube cargada de tormenta fuese a pasar sin daño alguno sobre nuestro destino. Debemos pensar en nosotros mismos con fe entusiasta y con empeño de salvación. Acontezca lo que aconteciere, la historia seguirá su curso y habrá una generación que recordará nuestro dolor. A tantas crisis como azotan a nuestro pueblo, no agreguemos la crisis de la desesperación y de la angustia, aunque sea ésta, como dice Kierkegaard, buen instrumento educativo de la posibilidad. Procuremos a todo trance que nuestra agonía no sea para morir, sino para salvar el irrenunciable derecho de nuestro pueblo a la libertad y a la justicia”
No pretendo con esto que tengamos todas las soluciones, solo deseo que a pesar de las encrucijadas sin respuesta que en este momento vivimos, nos animemos a ser valiente para seguir preguntando, luchando, predicando y convenciendo. No deseo que depositemos nuestras esperanzas en una sola cosa, bien sea elecciones (remotas y sujetas a fraudes) o la salida violenta (con la consabida muerte de los inocentes y más pendejos) esperaría más bien que pensemos y actuemos con flexibilidad, aceptando la contradicciones, el cambio de planes de acción, la modificación de proyectos; pero siempre con inteligencia y sin caer en las provocaciones del régimen, ni depositar toda nuestra confianza en liderazgos mesiánicos; que irremisiblemente nos condicen a una crucifixión sin resurrección. Bien sabemos que detrás de ellos está el curtido, criminal, siniestro e inescrupuloso interés del poder por el poder mismo. Es el viejo y siempre renovado  bárbaro deseo de dominación de los tiranos. La invariable, la inmodificable, la incansable e ineludible meta, tiene que ser la libertad de nuestro país y el enjuiciamiento de estos criminales que nos gobiernan.
Disfrutemos y usemos nuestra vida, que es lo único que realmente ahora tenemos, en el combate sin descanso, pero sin desesperación, en la erradicación de este cáncer político y mental que se ha apoderado de manera canalla, del cuerpo de la República de Venezuela. Además, no lo será por siempre, pues “vivir, tarde o temprano, nos mata a todos”

lunes, 2 de mayo de 2016

LA EVOUCIÓN HACIA EL MAL

Antes de dedicarme a hablar de la inmortalidad del cangrejo, de los cambios fisionómicos de la Barbie, de las “tronas” de Maradona y sobre el sexo de los ángeles, entre otros temas que posiblemente sean más interesantes para los venezolanos, séame permitido por una vez más elevar este grito en el desierto. Una querida amiga me preguntaba que por qué nuestra sociedad “involucionaba” y cada día era tan indiferente a la barbarie, a la atrocidad y a la violación de casi todos sus derechos. Más aun, lo que la atormentaba era que parecía que más bien participábamos, cómplices o silenciosos y pasivos, a la pérdida del país, de la vergüenza y de la dignidad. Incluso, un número significativo de venezolanos apoyan y están de acuerdo con el discurso oficial de una dictadura o más bien, ante una caricatura sangrienta de gobierno. Le dije que yo no creía que involucionamos. El advenimiento de las sociedades totalitarias en el siglo xx no ha cesado de suscitar preguntas relativas a lo que es el hombre, a lo que es la razón, a lo que es la relación de los comportamientos sociales con la historia. Preguntas que no comprometen sólo a nuestro pensamiento del mundo, sino igualmente a nuestro destino como hombres, es decir, seres dotados de razón que tratan de vivir una sociabilidad fundada en la palabra, la persuasión y el diálogo. Ahora bien, lo que nuestra historia ha mostrado es que el ejercicio de esta racionalidad en el seno de una sociedad que pretende ser libre, no era más que una posibilidad entre otras. Posibilidad que podía ver la luz o no verla, posibilidad quizá destinada a la muerte si los hombres no toman conciencia de su realidad. Esta historia ha hecho surgir en el horizonte el engendramiento del hombre como un ser completamente susceptible de ser modelado, un ser cuya modelación puede ser en positivo y en negativo. Ojo, aquí debemos recordar que el último gran modelador fue el Libertador de Sabaneta, narcisista, resentido y lleno de carencias afectivas que lindaban en una personalidad psíquicamente enferma. Esto revela la sucesión de múltiples rostros, para lo cual se mostraba magnánimo, autoritario, cobarde, héroe, pobre, poderoso dentro de unas contradicciones que solo llevaban el cálculo político para mantenerse en el poder. Algunos de entre ellos nos son familiares, algunos son tal vez difícilmente reconocibles, pero todas las taras las transmitió a una masa ignara y preterida, que irresponsablemente esperaba a un mesías, sin que ellos levantaran un dedo para lograr sus legítimas reivindicaciones. Una elocuente características de un sector significativo de nuestro pueblo es esperar que le den y no bregar por lograrlo por sí mismo. Esta expectativa se ha mostrado bajo el aspecto de vías imprevistas de la historia, de situaciones insólitas en las cuales hemos progresivamente perdido la democracia, el respeto y la dignidad; nuestro perfil ha cambiado subrepticiamente de rostro. Estas metamorfosis, por momentos monstruosa, nos obligan a volver a formular el concepto de lo que somos como venezolanos. Revisemos dos proposiciones morales que Kant repite constantemente: aquella que exige cumplir siempre una promesa y aquella que consiste en no mentir. El mal moral consiste entonces en la infracción de lo que indican estos enunciados. Los venezolanos no cumplimos nuestra promesa de respetarnos mutuamente, y mentimos al decir que todo está bien, que aquí marchamos hacia una felicidad sin macula. Se ha partido de una atribución de finalidad a la historia y al hombre, en tanto ser racional, a una situación en que esta especie de atribución ha revelado ser falsa, en la medida en que se confronta con la violencia política, la sinrazón de conciudadanos que se roban, saquean y especulan mutuamente, así como el engendramiento de las formas totalitarias de enmarcar la vida social y política hasta en el diario comportamiento en nuestros hogares y entorno sin protestar, corportandonos con violencia y pataneria y en un mutismo parecido inmensamente a la estupidez. Somos los venezolanos seres totalmente indeterminados, algo así como seres sin esencia. NO AMIGA, NO HEMOS INVOLUCIONADO; HEMOS EVOLUCIONADO HACIA EL MAL

jueves, 26 de noviembre de 2015

EL OPTIMISMO INFUNDADO

El cambio que se añora, ese deseo persistente de salir de una encrucijada desastrosa nos lleva infinidad de veces a sobrevalorar pequeños pasos y considerarlos como la solución mágica. A creer que la solución es inminente, pero obviando que las mismas acciones, los mismo protagonistas necesariamente producen los mismos resultados. En una oportunidad, Rodolfo Izaguirre, refiriéndose a la inacción política se preguntaba: “¿Cómo es que semejante desastre continúa allí, inamovible, festejándose a sí mismo arrogante y maloliente decrepitud? ¿Cómo es posible que todo un pueblo continúe soportando pasivamente indignidades y humillaciones? ¿Esperamos tal vez a un nuevo Edipo ciego y atormentado por el incesto que nos devuelva la seguridad y el sosiego que hemos perdido?” Suena a engaño por lo tanto prometer una solución automática por el hecho de unas elecciones que se pretenden ganadas por nuestra posición, por los que soñamos por deslastrarnos del horrendo régimen. Sería necesario preguntarnos, tal como lo hace el Dr. Adrián Liberman por las causas de la “incompetencia de todos, sin excepciones, resultado de los que las acciones y omisiones de varias generaciones han producido. Y esto es que somos un lugar donde no podemos evitar que la gente se mate todos los días entre sí por estupideces”. No se puede endosar tranquilamente la responsabilidad individual a un grupo, a un partido, a una asociación. Es altamente sintomática la reiterada equivocación de buscar mesías para que nos salven del deber que nos corresponde en la construcción colegiada y solidaria de una nación con institucionalidad, con valores que se respeten y con leyes que se apliquen y cumplan. Siguiendo a Liberman, podemos aseverar que “dos siglos después de nuestra constitución como nación muchos sigan pensando que la aniquilación del otro es la única forma válida de dirimir conflictos, señala a fuego un deber no cumplido ni asumido. Habrá que pensar y hacer pensar porque la violencia se ha arraigado tanto entre nosotros. Por qué abunda tanto no solo la violencia física, sino esa forma de crueldad que es la agresión verbal, cuyas marcas pueden resultar indelebles” Adicionalmente es significativo resaltar la presencia cada día más extrema, dentro del discurso político del régimen de eso que los psicólogos han llamado “disonancia cognoscitiva”. Se refieren así al proceso de analizar una información discordante, disfraz académico para “no me confundan con los hechos” tal como lo afirma Tuchman (1989). La disonancia cognoscitiva es la tendencia a “suprimir, glosar, rebajar o alterar cuestiones que producirían un conflicto o ‘dolor psicológico’ dentro de una organización, (partido o país)”. Hace que las alternativas sean “rechazadas ya que hasta el pensar acerca de ellas entraña conflictos”. En las relaciones de subordinado y superior dentro del gobierno, su objeto es el desarrollo de una política que no perturbe a nadie. Ayuda al gobernante en su pensamiento parcial, definido como “una alteración inconsciente en la estimación de las probabilidades”. Es innecesario recalcar que esto se compadece con la ceguera manifiesta de reconocer que en nuestro país nos encontramos al borde de una crisis humanitaria. Entre otras razones, sin entrar en las altas posibilidades de fraude, violencia oficial y comportamientos rufianescos por parte de los funcionarios del régimen, es que sostengo que un optimismo en la victoria es infundado, por no decir ingenuo. Ruego a Dios estar equivocado. REFERENCIAS - Izaguirre, Rodolfo (agosto, 24 de 2014). “El mayor enigma”. Diario El Nacional. Sección Opinión 11. Caracas. Venezuela. - Liberman, Adrián (junio 2 de 2008). “Un fracaso de todos”. Diario El Nacional. Sección Nación 13. Caracas. Venezuela. - Tuchman, Barbara (1989). “La marcha de la locura”. Fondo de Cultura Económica. México

martes, 24 de noviembre de 2015

LA GRAN FARSA

Sostiene Bárbara Tuchman que “Si John Adams tuvo razón, y el gobierno es “poco mejor practicado hoy que hace tres mil o cuatro mil años”, no podemos esperar, razonablemente, mucha mejora. Tan sólo podremos seguir debatiéndonos como lo hemos hecho en estos mismos tres mil o cuatro mil años, avanzando gracias a periodos de brillantez y decadencia, de mayor esfuerzo y de sombra.” (pág. 368). Una de las tantas noticias que aparecen en nuestro convulsionado mundo del primer tercio del siglo XXI ha sido escasamente comentada y menos aún, digerida en todas sus consecuencias. Se trata del controvertido proceso contra dos periodistas, un sacerdote español y dos empleados relacionados con el último escándalo de filtración de documentos papales concernientes a maniobras financieras sospechosas de la Iglesia católica. La acusación se fundamenta en el contenido de dos libros de denuncia publicados por los periodistas Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fittipaldi. Las informaciones en las que se basan tanto el texto "Via Crucis", de Nuzzi como "Avarizia", de Fittipaldi, se extraen del material de una comisión investigadora del Vaticano. Independientemente de los argumentos, validos o no, que puedan presentarse en el juicio, hay algunos aspectos de forma que ahogan y solapan los delicados asuntos de fondo. Los primeros referidos a la libertad de los periodistas de publicar informaciones de interés público y de proteger a sus fuentes. Asimismo la actuación de los que teniendo acceso a información confidencial la divulgan sin autorización. La frondosidad de discusiones que sugieren ambas implicaciones es densa e interesante pero no la más importante. El asunto de fondo es el origen de la querella y que afecta directamente a una institución milenaria. Son los reiterados indicios de manejos dolosos y criminales en los cuales están involucrados conspicuos miembros del clero vaticano. No se trata de mancillar la reputación de una iglesia por la actuación de sus miembros. Se trata de cuestionar la naturaleza y comportamiento históricamente corroborable de negación y disimulo con la cual se enfrentan estos escándalos. Se trata además del burdo chantaje psicológico de anatemas y amenazas a los que cuestionen el comportamiento de una institución “sagrada”. El punto crucial es que se trata de una estructura de poder de monarquía absoluta, que bajo la supuesta doctrina de una religión, comete actos repudiables, los cuales se niega a ventilar. Las depravaciones y crímenes cometidos o auspiciados por los Papas Sixto IV, Inocencio VIII, Alejandro VI, Julio II, Clemente VII y Leon X, por solo mencionar a los de la época del Renacimiento revelan una podredumbre moral que ha aquejado la cabeza visible de esta institución durante toda su existencia. He aquí la farsa. BIBLIOGRAFIA - Tuchman, Bárbara (1989). La Marcha de la Locura. Fondo de Cultura Económica. Mexico.

miércoles, 1 de julio de 2015

CANSANCIO EN EL ALMA

Debo decirlo de una vez. Cansancio no significa derrota, ni abandono de una lucha. Es sentir que se agota la fuerza, que se apaga el ímpetu, que se requiere un alto en el camino. Es detenerse y evaluar lo que se ha hecho bien y lo que se ha hecho mal. Si hay un enemigo común, que afecta a todos…parece fácil el acuerdo…pero no lo es. Ese enemigo torpe, bruto, criminal, incompetente y todos los demás epítetos que le podamos endilgar, tiene una virtud. La virtud de la permanencia. Nos ha impuesto un enfrentamiento, ha comprado conciencias, ha humillado dignidades, ha mancillado la soberanía de la nación permitiendo la colonización de despiadados sátrapas. Pareciera que el rechazo y la denuncia serían las acciones obvias. Pero tampoco. Hay víctimas que los defienden, por el agradecimiento de dadivas recibidas, por limosnas otorgadas. A esos los entiendo. Son los agradecidos por la manipulación Pero también los hay convencidos por la retórica del odio, del revanchismo y del resentimiento social. Los que niegan que hay miseria, que hay crimen, que hay escasez, que hay inflación. Esos son los ciegos/o hipócritas. Pero los más perversos de todos son los que esquivan la realidad, la deforman y si la fuerza de los hechos los deja en evidencia, acusan a enemigos remotos o cercanos, ocultan los asesinatos y las encarcelaciones sin ninguna legalidad, las violaciones de personas y derechos y en fin, olímpicamente la endosan a unas “guerras” imaginarias de todos los calibres. Estos son los que ejercen el poder. Lo peligroso es que para mantenerlo son capaces de acciones similares a sus admirados ISI (EI), FARC, AL QAEDA o G2. No se puede liberar a un pueblo de una tiranía propiciada y mantenida por sus propias víctimas. El odio visceral, la diatriba estéril y la insensata búsqueda de intereses personales y de protagonismos inicuos solo garantizan mucha sangre, mucho dolor y muchas lágrimas. Es doloroso sufrir la agonía de un ser querido; pero más dantesco es ver como se nos muere una Nación. Tengo cansada el alma

sábado, 12 de abril de 2014

TRES MUNDOS

El doctor Pablo Pineda Vásquez, medico y pensador larense, escribió un libro hermoso que en épocas juveniles ejerció una gran influencia en mi formación. “Dos Mundos” era su titulo. Lleno de optimismo y haciendo un inventario del avance del conocimiento humano, invitaba a soñar y creer en un mundo mejor. Cometiendo un sacrilegio para tan ilustre autor, tomo y deformo su titulo para dar nombre a estas notas. Desde la depresión, desde la angustia, desde la rabia no hay posibilidades de pensar y actuar con inteligencia y altura. Sólo la emoción y la pasión son malas consejeras para poder evaluar los acontecimientos, vislumbrar los escenarios y tomar las decisiones correctas. Si algo hay que reconocer es la habilidad con la cual el actual régimen ha manipulado y manejado las más bajas pasiones de los venezolanos de a pie, los eternos preteridos, los depauperados. El principal crimen de los que detentan el poder no es este uso inmisericorde de la deformación y el engaño sino el fin último que pretenden: la perpetuación de la miseria de muchos para garantizarse el control social. La necesaria búsqueda de salidas pacificas es una opción muy valorada y a la cual todos deberíamos apostar. Pero es necesario crear una plataforma mínima que garantice la productividad de cualquier intento de salida, sin agendas ocultas ni intenciones subalternas. Hay tres mundos en esta dinámica, la cual obliga a un planteamiento serio y sin ambages. En primero de estos es la visión radical de los dos extremos. Uno para mantener el status quo, corrompido, totalitario, excluyente y sectario de visionar el poder. El otro extremo busca desalojar del poder a los primeros, aplicándole su propia medicina de violencia, exclusión y sectarismo. Es la solución de “quítate tú para ponerme yo”. En el fondo, se trata del acceso al botín y a la depredación. Es el mundo de los oportunistas que no tienen pudor de saltar a una u otra posición dependiendo de los grados de posibilidad de obtener prebendas. El segundo mundo es el de los indiferentes, o más bien el de los tibios. Aquellos descritos con las terribles palabras del Apocalipsis de Juan (Apocalipsis 3:15,18): “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente! Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas”. Es el mundo de los que en un comportamiento altamente egoísta e irresponsable, no hacen nada para no arruinar su zona de confort y seguridad. Y esto no solo aplica para los ricos y usufructuadores de fortunas. Es igualmente identificable con los conformistas de su miseria. Por último, y no menos importante y significativo, está el mundo de los que visualizan el presente y el futuro como la necesaria convivencia de todos. Los que se reconocen y reconocen a los diferentes. Los que teniendo sueños y necesidades distintas, saben que solo es posible lograrlas en laboriosa comunidad y ambiente de respeto y tolerancia mutuas. Donde a pesar de las distintas capacidades y potencialidades, existe una igualdad de derecho a vivir y a respirar en armonía. No hay posibilidad de síntesis entre estos tres mundos. Son excluyentes entre sí. Evidentemente que la posibilidad de evitar los derramamientos de sangre, la ignominia y el crimen estará asociado a cual de los mundos prevalezca.

lunes, 18 de marzo de 2013

LAS VERSIONES DE LA VERDAD

Recientemente, un amigo me envió un artículo del sociólogo Fernando Mires, en donde hace un análisis brillante sobre un tópico de nuestra realidad política. El asunto allí tratado no es el tema que me mueve a escribir esta nota. Es más bien un aspecto tangencial al que se refirió el insigne pensador y que derivó, para mí, en una especie de irónica paradoja. En parte de su exposición, el autor señala lo siguiente: “Solo la verdad, es decir, la disencia frente a la no-verdad, nos convierte en seres adultos. La verdad nos hace libres; entre otras cosas, libres de la mentira. La verdad puede ser, por eso mismo, violenta (Hannah Arendt) Pues debajo de cada mentira hay una verdad, y cuando la verdad irrumpe en la superficie, destroza a una mentira. Eso a veces duele. Pero, a la vez, no hay nada más bello que vivir bajo el imperio de la verdad. Quien la ha conocido no la abandonará jamás.” Un texto sin desperdicio, del cual me siento identificado. Como para corroborar dicho aserto, recibía en ese mismo día un correo electrónico en donde se hacía referencia a un pasaje bíblico del libro de Daniel y que relata la historia de Susana, una esposa judía de un acaudalado hombre la cual fue acusada falsamente de infidelidad por dos ancianos jueces. Estos habían recurrido a la injuria al ver rechazadas sus pretensiones libidinosas hacia la dama en cuestión. Ella optó por someterse a un juicio y confiando en la verdad y limpieza de su comportamiento fue salvada por Daniel, en un acto público que concluyó con la condena y muerte de los inicuos ancianos. La enseñanza que vi en dicho pasaje y que se relaciona con lo que decía Mires en su artículo es que actuar con la verdad es un camino que nos conduce a un bello imperio. Más aun, cuando este punto es reforzado por un libro que una gran parte de la humanidad considera sagrado. El tema, hasta aquí, no tiene mayor trascendencia. La situación se torna un tanto bizarra cuando queriendo ampliar el alcance de la lectura, consulto una de las Biblias de mi biblioteca y al buscar el capítulo 13 de Daniel; que es donde está contenida la historia de Susana; para mi sorpresa, el mismo termina en el capítulo 12. Esto me llevó a consultar otra Biblia y en esta segunda si estaba contenido no solo el mencionado capituló sino también el 14. El punto es que son dos Biblias de diferentes iglesias: la primera protestante y la segunda católica. La paradoja y la ironía es que lo sagrado de la verdad tiene también sus versiones diferentes.

domingo, 21 de octubre de 2012

Crisis, sociedad y ciencia

Hay una necesidad de expresión, de protesta ante una situación evidentemente insostenible. Las recurrentes crisis económicas de distintos perfiles: la inmobiliaria, la de Portugal, la de Irlanda, la de Grecia, la de España, el movimiento de los indignados, las protesta de aquí y de allá, manifiestan un estado de cosas que marcan una indetenible ruptura. Ruptura de qué? para qué? por qué? Cada respuesta a estas interrogantes siempre será comprometedora. Una cosmovisión, un sistema que tiene, no décadas sino siglos imperando, no solo está agotado, es que también sus consecuencias son cada día más catastróficas. La inmisericorde explotación del ambiente, la natura vexata de Leibnitz ha pasado factura en la agonía del organismo Gaia, que por ignorada, no deja de ser real. El equilibrio ecológico es cada vez más precario, los contaminantes residuos de una industrialización que se ha mostrado a todas luces injusta para las grandes mayorías depauperadas, afectan a todos los habitantes del planeta. Las mutaciones inducidas por accidentes y/o manipulación deliberada agregan un factor de consecuencias incalculables a la viabilidad de la vida terrestre en el tiempo astronómicamente posible. Las epidemias, las enfermedades incurables de reciente aparición, no son fortuitas ni efectos azarosos de una serie de lúdicas coincidencias. El desarrollo constante de artilugios técnicos para el consumo y satisfacción de necesidades inducidas más que de solución utilitaria, exacerban la búsqueda de nuevas materias primas y generan una miríada de desechos tóxicos. Aun cuando existen optimistas del futuro, dicho optimismo lo fundamentan en el uso adecuado de los instrumentos generados por dicha tecnología. Tal como sostiene Dyson (2000), “las tendencias humanas y las instituciones deciden como utilizar la tecnología y los instrumentos". Aquí radica precisamente el nudo gordiano del problema. Hasta ahora, ninguno de los dos protagonistas de dicha ecuación han sido lo suficientemente ponderados para el máximo provecho, de manera equitativa para todos, de la ciencia y sus beneficios. El zoon politikón, en su acepción primigenia de “destinado a vivir en ciudad” ha degenerado en seres hacinados en guetos. Ni el desarrollo de las redes de comunicación social ni la ubicuidad tecnológica han permitido desarrollar un modelo que permita una convivencia armónica. Las excepciones son mínimas en comparación con la megalópolis que las grandes capitales del mundo representan como el común genero de hábitat en la actual vivencia de lo humano. En este escenario se libra un drama de crisis donde la sociedad, con un desarrollo científico extremo, no encuentra salidas plausibles para este laberinto. El dilema ya no es de posesión de conocimientos e instrumentos, es la razonabilidad de su uso. He aquí la tragedia y la comedia del mundo actual

LOS PONTIFICES DE LA PALABRA

No caer en provocaciones es una máxima sabia. Pudiera ser una guía saludable de comportamiento, incluso evitaría que nos convirtiésemos en lo que rechazamos. La reiterada, la ácida destemplanza contra todo y contra todos, pudiera interpretarse como un recurso desesperado de los fracasados. Decía Horacio que “quien mucho desea de mucho carece”. Por eso, no deja de ser incomodo estas voces pontificales que se abrogan una clarividente inteligencia que les permite opinar de “lo humano y lo divino”. Poseen las llaves de una verdad apodíctica, o en el mejor de los casos, de una “asertividad” que les permite catalogar, enjuiciar, calificar y condenar. Detrás de sus peroratas hay una acción terrorista. No de la que coloca bombas y mata inocentes. Es un terror mucho más refinado, un tanto más académico. Es el terrorismo de la descalificación contumaz, de la descalificación del oponente, del adversario mediante el recurso de la adjetivación, de colocarle un nombre que dentro de su lenguaje retórico, lo condena sin posibilidad de redención, lo desautoriza sin posibilidad de defensa. De esta manera, el dialogo que invocan ya no es posible, dado que ¿Cómo se discute con “equivocados”, con adalides del “lugar común”, con vendidos al imperio”? La real paradoja de todo este comportamiento está anclada en una frase de origen bíblico: “por los frutos, los conoceréis”. Nadie niega su laboriosa trayectoria, escribiendo libros, dictando clases y conferencias, disertando sobre las intrincadas vías para explicar sus dogmas, sus filosofías. Siempre están a la vanguardia, son progresistas, usan los neologismos de las nuevas corrientes del pensamiento. Su comportamiento recuerda a las divas ya pasados sus años de gloria, que se niegan al retiro honorable, aquellas cuya voz y belleza perdió su brillo, pero no aceptan que su arte quedó atrás. Por algo sostenía Sartre que “los intelectuales son como las divas de la inteligencia, son a la inteligencia lo que la vedette al espectáculo”. Al menos estas últimas, algo hicieron, algo aportaron. Es conveniente precisar que toda esta descarga un tanto agria no intenta desmerecer la actividad de los que seria y responsablemente se dedican al estudio y reflexión de la realidad social. Estos no sólo son necesarios y se erigen en faros de advertencia en circunstancias históricas oscuras. La referencia está dirigida hacia los que instrumentalizan sus capacidades retóricas e intelectuales como lucimiento y protagonismo para un mal disimulado narcisismo por demás estéril pero dañino. Por cuanto es dañino todo lo que distraiga los esfuerzos de clarificación de rutas y solo persiga el lucimiento personal sin ningún aporte digno.

martes, 3 de abril de 2012

ENTRE EL TOTALITARISMO DISCURSIVO Y LA VISION UNILATERAL

Tal vez las palabras no resulten adecuadas para expresar el sentido físico, carnal, somático de la desesperación, la ansiedad o el dolor que se pueda sentir en un momento dado. Lo mismo se aplica al os sentimientos más benéficos como la alegría, la pasión o la felicidad. Pero es necesaria la palabra para comunicarse, para hacer inteligible la relación humana, la minima posibilidad de aprender del otro. Por supuesto que también es un recurso para la confusión, para la manipulación y la mentira. En este contexto de ambigüedad comunicacional se mueven las ideologías, los dogmas, las creencias.
Esa necesidad de comprender siempre, corre el riesgo de ser parcial, de ser una manera inducida de interpretación donde todo se pone en duda. Desde “la realidad”, “la subjetividad”, hasta la propia “existencia”. Todos los cuestionamientos que se hacen desde las diferentes ópticas, siempre parten de la invalidación del oponente, del adversario o en el peor de los casos, del enemigo.
Todo esto viene a cuento por la situación que como sociedad se abrió en nuestra cultura occidental desde la caída del Muro de Berlín y de la “evidente victoria” pírrica de uno de los dos sistemas que se repartían el mundo. La pobreza, la injusticia y todos los demás epítetos siguen campeando por sus fueros. Ni antes ni después los desplantes de la cuestionada “realidad se muestran diferentes. Las mismas alternativas pasan por desmitificación de los discursos, de las estructuras, de las relaciones sociales, etc.
No hay un elemento que una a los enfrentados, solo un factor los hermana: la consecución del poder para poner en práctica su visión. Hay poderes ancestrales, casi monolíticos, como los representados por los estados tradicionales, emergidos después de la Revolución Industrial y los hay nuevos, los ensayos de signo distinto, que pretenden instaurar revoluciones, cambios drásticos. Sin entrar en detalles de valoración, hay una característica común que se asoma en cada uno de estos protagonistas: el discurso de su “verdad”. No hay posibilidades de análisis crítico que no sea etiquetado con algún denuesto por parte del receptor de la crítica. Cada quien defiende su status con la fe del carbonero, con la iluminación del creyente. Se abrogan como representantes de la verdad única, hasta en sus errores más elocuentes. La tendencia a la visión unilateral desmadra cualquier intento de cuestionamiento. Es un defensa ciega donde hay muertos y… ¿si están equivocados? ¿Cómo se resucita a un muerto?
Los caídos en Afganistán, en Irak, en Nicaragua, en Vietnam, en Chechenia o en cualquier parte del mundo son denominados “daños colaterales” por los discursos totalitarios. Porque desde la democracia gringa hasta la revolución bolivariana, los argumentos y los muertos siguen produciéndose y por medio de las palabras, justificándose las más contradictorias acciones en nombre de la libertad, inclusión, la raza, la democracia o cualquiera sea la bandera que se defienda. Sin llegar a los extremos del pesimismo suicida de Cioran ni a las ingenuidades pacifistas de un Ghandismo manipulado por sus enemigos, la podredumbre de los extremismos nunca aportará felicidad a ningún ser humano.

martes, 3 de mayo de 2011

CUANDO LA MORAL ME SABE A CHOCOLATE

No quisiera convertir un hecho previsible en toda una manipulación edulcorada de llantos de viejas trasnochadas. La muerte del Jeque árabe Osama Bin Laden marca el final de “crónica de una muerte anunciada”. Incluso, según notas de prensa, la “victima” dejó instrucciones grabadas para la venganza. Pero en todo caso, la parte anecdótica y el barrunto de los intereses geopolíticos en juego no es el tema que se desea abordar en esta página. Se trata de hacer referencia a las implicaciones axiológicas del drama en cuestión.

No se obvia la culpabilidad o responsabilidad del muerto en todos los hechos de su autoría que produjeron innumerables victimas, la mayoría de ellas inocentes. Pero sería poco serio olvidar las bajas producidas como “daños colaterales” por la respuesta que los EEUU también ha producido en la población civil y no beligerante en países como Afganistán e Irak. En ambos extremos, independientemente de las argumentaciones, hay una acción criminal. Lo que no deja de causar escalofríos es que el máximo dirigente de la potencia mundial declare que autorizó la operación de “limpieza”, retaliación o el nombre que quiera dársele. El punto a resaltar es que un país que se jacta de unas instituciones democráticas y en donde la justicia y los derechos de los individuos son sus capitales más preciados y exportables, ha decidido la ejecución sumaria de un ciudadano extranjero sin formula de juicio.

Es aquí donde se evidencia la inconsistencia discursiva y el mamotreto ideológico que se usa en todas las instancias de poder. Esta incoherencia no es ni nueva ni accidental. Es precisamente la tragedia que acompaña a los intereses de dominación en cualquiera de sus versiones y en cualquier lugar del mundo. Incluso, a la ejecución sumaria se adiciona el rápido desprendimiento del cuerpo para evitar sitios de peregrinación de los acólitos y la conversión en la reliquia presente de un mártir. Es mucho más rentable, desde el punto de vista militar y político, el costo de una acción incongruente frente al costo del sometimiento a la acción institucional. Es este el asunto, lo demás es simple discurso hueco.

¿Qué diferencia hay en la celebración y jubilo manifestado en el New York por la muerte de Bin Laden el 1 de mayo de 2011 y las celebraciones por la caída de las Torres Gemelas ocurridas en las capitales de varios países islámicos aquel fatídico día de septiembre del 2001?. En ambas se celebraba la muerte. Algunos argumentaran que son dos cosas diferentes. Pero lo diferente son los argumentos de las matanzas. A fin de cuentas, el resultado es la desaparición de seres semejantes a cada uno de nosotros. Y llegamos a la conclusión que las artificiales diferencias de religión, política o cultura establecen quien debe morir, sin importar el derecho y el respeto que tanto se predica pero que siempre se mancilla, por causa de unos ideales tan “nobles” como para asesinar por ellos.

miércoles, 11 de agosto de 2010

VOLUNTAD Y CAMBIO

Las formas distintas de sociedad, de vida en común, de modos de producción, de nuevas formas “societales” han llevado al mundo occidental y a una que otra comunidad asiática al ensayo de nuevas formas de asociación o, al ya en desuso, “modelos” socioeconómicos. La manera en que se ha acometido estos cambios, sobre todo los autodefinidos como revolucionarios, han sido mediante el uso, en variable grado, de la violencia, de la fuerza, antes o durante la gestación y nuevo parto de la Historia . Acá no se pretende exorcizar viejos demonios ideológicos sobre la conveniencia, aceptación o negación de este recurso. Al cabo nos queremos referir más a la voluntad de la acción y de sus consecuencias. No se trata de defender la tesis de “las condiciones objetivas” del marxismo de los años sesenta del pasado siglo, pero si de una revisión somera de las consecuencias desastrosas de los ensayos sociales, aun con la mejor de las intenciones. Citando a Krygier (2008), recordaba que “el renombrado pensador Antonio Gramsci señaló que los cambios no se pueden imponer simplemente porque se deseen aplicar, sino siempre y cuando sean necesarios, como resultado de la inmensa interacción de naciones y culturas”. Nadie puede negar, con sensatez y sinceridad, el derecho de los individuos, de los pueblos y de las culturas a propiciar los cambios que sean perentorios para el logro de sus más altas realizaciones o la búsqueda de la equidad, la justicia y la felicidad, todo esto dicho sin intención retórica. La interacción para ese cambio, no puede estar centrada en la voluntad de iluminados y caudillos, que a la larga degeneran en autoritarismo y tiranía o en improvisación y represión; cuando no en una letal combinación de estos ingredientes. También es obligante decir que la cooptación por intereses corporativos puede dar al traste con los cambios deseados. Todo esto pidiera hacer pensar en la imposibilidad de mejoras o a la asunción de una apatía militante. Sin embargo, la percepción e identificación de los hechos contribuye a entenderlos y enfrentarlos.

Todo cambio genera un rechazo, cuyas razones sistémicas han sido estudiadas en diversos ámbitos. Pero el logro del primero no depende de voluntarismos ni de iluminismos. Es preciso que todo cambio, sobre todo a nivel social lleve la impronta de la identificación de los intereses en pugna y el logro de la mejoría para la mayoría, no la hegemonía de elites que se designan como la vanguardia de esa masa informe y/o multiforme llamada pueblo. La extrema falacia de estos cambios deriva en aberrantes cultos de la personalidad y de idolatrías tan exóticas, por usar un eufemismo anodino, como las rendidas en su época a Mao, Kim Sung o Eva Duarte, en diferentes contextos históricos, pero con los mismos atributos de lo absurdo.

Lo más dramático es que este designio de los cambios tienen un horrendo balance de varios costos, entre los que pidiéramos destacar dos de muchos otros. En primer lugar, el costo social representado en campos de exterminio, GULAG, centros de reeducación o en la pura eliminación física de los disidentes. Dentro de este contexto surge la variante del Estado Policial, cuando el gobierno que representa a dicho estado muestra una incapacidad manifiesta de proporcionar una institucionalidad legal de protección a sus ciudadanos y apela a la transferencia del problema a la policía, para actuar por su cuenta en la restitución de la seguridad perdida. De esta manera, este órgano policial pierde su función de instrumento para afirmar la Ley y se convierte en una autoridad dominadora, sin contrapesos que la enfrenten, de donde se deriva el abuso y la barbarie. En todo caso lo hasta aquí sostenido no se trata de una ingenuidad política o de una torva argucia ideológica incitada por oscuras fuerzas imperiales. Es la minima lección que podemos entresacar de esa lucha maniquea en la cual se ha intentado clasificar la realidad del mundo durante todo lo que va desde el siglo XIX a esta fecha.

En segundo lugar, el costo económico de una reconstrucción de acervo de riquezas materiales que se pierden en ensayos fallidos del nuevo paraíso soñado por los voluntaristas, de los recursos dilapidados en la propaganda de las supuestas bondades y solidaridades de los nuevos amos del poder para al final descubrir que, al decir de Lampedusa, se cambió todo para no cambiar nada

martes, 29 de junio de 2010

DERROTEROS EDUCATIVOS

A Lisbeth Anzola, por su preocupación sincera.

¿Ha formado la educación venezolana ciudadanos con capacidad crítica o independencia intelectual? ¿Se ha desarrollado una masa profesional altamente ilustrada para enfrentar los desafíos morales, culturales, económicos y sociales que el país propone? ¿Se ha nutrido un espíritu emprendedor y autónomo capaz de crear riqueza, no solo material sino también, y con más urgencia, en el ámbito general de la cultura?

Estas preguntas, que en primera instancia pudiesen lucir capciosas, tienen el fundamento de lo que cómo país somos y seremos en el corto y largo plazo. Separando los “serios” cuestionamientos ideológicos que se puedan argüir como centro de las críticas sobre el origen, fundamento, discurso o relato de los planteamientos precedentes, intentar una respuesta es una ineludible necesidad. Los que se pierden en los nebulosos senderos de la abstracción han tenido tiempo y recursos suficientes para el aporte. Sin pretender pontificar sobre la bíblica sentencia de conocer los resultados por los frutos producidos, es evidente que algo no ha funcionado en el sistema pasado y presente.

En los abordajes actuales, con los que se pretenden cambios substanciales no dejan sus creadores de tener características elocuentes de “aprendices de brujo”. La carencia de disciplina cognitiva, la ausencia de métodos de evaluación idóneos, sesgos interesados en dogmatizaciones antieducativas, pobreza de contenidos programáticos, mutilación de las posibilidades de investigación y desarrollo nuevas estrategias son algunos de los puntos que se muestran en esta desproporcionada aventura. Y es irresponsable aventura la que compromete el futuro inmediato de las generaciones que se están formando.

El fracaso de un modelo no se combate “tirando piedras” a discreción. Es una tarea con mucho de Sísifo y de Prometeo, en una acción nacional que tome en consideración recursos, potencialidades y posibilidades materiales y humanas. Todo ello con un norte claro de apertura de oportunidades para todos.

Sería ingenuo pretender negar el carácter ideológico de la educación, de su instrumentalización como punta de lanza de cualquier Gobierno en ejercicio de su hegemonía. Pero no se trata de deslastrarlo de sus rémoras consustanciales y naturales en cualquier escenario donde se desenvuelva. El asunto fundamental es cuando ni siquiera tiende a formar un determinado tipo de ciudadano y se limita a la “fabricación” de minusválidos intelectuales, recitadores de consignas y potenciales fracasados en las tareas para las cuales no ha sido medianamente preparados. En esta dirección se crean posibles resentidos sociales que mas temprano que tarde encenderán la mecha de un polvorín social

viernes, 14 de mayo de 2010

AUDITORIA, FINANZAS Y CRISIS: EL DEBATE IMPOSTERGABLE

Aun al costo de sonar repetitivo, quisiera volver a un tema que por manoseado y e infinitamente tratado, no ha sido solucionado o en el mejor de los casos, seriamente enfrentado. Se trata de la situación que tiene eclosión en los momentos de crisis financiera, pero después de superada esta, se cae en el mutismo cómplice. El sistema financiero de “libre mercado” o capitalista, ha presentado de manera cíclica, rupturas de continuidad que son proporcionalmente más grandes y significativas en su avance temporal. La naturaleza y causas fundamentales de estos eventos están asociadas al poder, el ansia acumulativa y al control de parcelas cada día más grandes de los negocios y la economía mundial. A la fecha, de todos los modelos económicos intentados por la Humanidad para la producción de de bienes, el capitalista es el que, en más de 500 años ha mantenido un vertiginoso ritmo de crecimiento y a involucrado a la mayoría de los seres humanos. Los costos ecológicos, humanos, sociales y culturales también han sido gigantescos. Sin pretender asumir posiciones doctrinales sobre la cuestión, partimos de la premisa de que con tal sistema tenemos que vérnosla en un plazo indefinido, por cuanto las alternativas planteadas, hasta ahora han sido fracasos rotundos con consecuencias también sangrientas.

El conocimiento del comportamiento del sistema lleva necesariamente a la atención de sus principales defectos para corregirlos o minimizar las consecuencias dañinas al hombre, en primera instancia y a la economía y naturaleza, como entornos vitales en general. De ahí surge la labor de los auditores como garantes de la fe pública depositada por la sociedad para la revelación de la situación y manejo de los grandes conglomerados y corporaciones económicas, tanto públicas como privadas. Esta es esencia la situación que de manera sucinta se define en términos formales.

Sin embargo, los hechos parecen empeñados en mostrar un comportamiento distinto para esta importante labor profesional. Para plantear el debate baste recordar que la Arthur Andersen, la Peat Marwick and Mictchell y la Pricewaterhouse han estado relacionadas con los escándalos financieros mas sonados de los últimos treinta años, y esto por solo mencionar a tres de las más grandes firmas de auditoria. En la primera mencionada, después de cien años de ejercicio profesional fue obligada a su desintegración por las autoridades por su relación con los estados financieros fraudulentos de la Enron, siendo el destino de sus principales socios, la cárcel y el descrédito profesional. La segunda enfrentó cargos penales por la quiebra de Penn Square Bank y la presentación de cifras falsas con respecto a la salud financiera del banco. La Pricewaterhouse se vio obligada a pactar acuerdos extrajudiciales por su relación con los estados financieros inexactos y fraudes del Banco Ambrosiano y del Banco de Crédito y Comercio Internacional, este último involucrado en el manejo de lavado de dinero y tráfico de armas. No se trata de enjuiciar la acción de la auditoria como practica profesional. El auditor es el mensajero, no el creador del mensaje. Pero sería ingenuo y necio pensar en la pureza prístina de estas firmas, las cuales forman parte del fabuloso mundo de “los negocios corporativos” donde la danza de millones de dólares crea intereses crematísticos que indiscutiblemente afectan la forma de relacionarse y de mantener en sus carteras a estos clientes. Es elocuente el hecho que todas las empresas y bancos involucrados en la actual crisis estaban clasificados como triples A por las calificadoras de riesgo y con dictámenes limpios por parte de los auditores

De esto se desprende la importancia del debate planteado. No se trata de establecer los niveles de responsabilidad o culpabilidad de los auditores. El hecho evidente, mas allá de las acciones personales de los profesionales involucrados en cada caso concreto, es que la relación Auditoria-Cliente tiene profundas fisuras que afectan la piedra angular en la cual descansa el ejercicio profesional: la fe pública, la credibilidad y confianza en la opinión profesional. De ahí que cabe pensar en la necesaria reforma de los conceptos de seguridad razonable de la empresa en marcha, el necesario enfoque de una relación novedosa Auditoria-Cliente-Estado, la reformulación del alcance del trabajo del auditor. Todo esto enmarcado en lo sostenido por Lipovetsky: “Los comportamientos de los asalariados no ejemplifican, por sí solos, el proceso posmoralista del trabajo. La disolución de la moral del trabajo también aparece manifiesta en el crecimiento de la esfera financiera, en la fascinación ejercida por la Bolsa y sus ganancias milagrosas. A partir de la década de 1980, las economías anglosajonas se caracterizan, en efecto, por la explosión de la especulación bolsista, por el triunfo de las finanzas sobre la industria que permite conseguir prodigiosos beneficios sin tener que emprender el camino laborioso y lento de la producción industrial. O.P.A., junk bonds, operaciones de fusiones-adquisiciones, desmembramiento de las sociedades adquiridas con el objetivo de plusvalías inmediatas, en la hora de la «revolución conservadora », el espíritu de empresa ha retrocedido ante el espíritu financiero y su cebo de ganancia a corto plazo”. No es la primera vez que usamos esta cita, pero en las actuales circunstancias de la adopción de nuevas normas contables y de información financiera, de cara a la Sociedad, es preciso preguntarse si estas nuevas regulaciones mejoran las evaluaciones de la responsabilidad de los que dirigen los negocios, denuncian las especulaciones y permiten sustanciar causas contra los delincuentes de cuello blanco. Si así fuere, estamos en buen camino, pero en caso contrario, habrá que comenzar de nuevo.

martes, 16 de marzo de 2010

El deber de una generación

Tal como alguna vez lo sostuvo Albert Camus, el deber de un ciudadano; sea intelectual, periodista, escritor, abogado o cualquier otra actividad que realice; no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. En tal sentido sostenía que: “Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga”. Es pertinente acotar que el insigne intelectual francés formaba parte del grupo nutricio del denominado existencialismo, corriente que se caracterizaba por un pesimismo, aunque nunca pasivo e indolente.

Al estilo de Aron, pero en la acera de enfrente, Camus abogaba, como espectador comprometido, por una sostenida acción ciudadana que salvara a una sociedad “heredera de una historia corrompida —en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos, y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no saben convencer; en la que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión” en una clara alusión a los intelectuales de su tiempo, que al asumir unos dogmas inamovibles se hacen corifeos de los peores sátrapas. Hace un llamado, más bien un reclamo dado que “esa generación ha debido, en si misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores arriesgan establecer para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura, y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza.” Es una dramática pero contundente expresión de reconciliación responsable, actuante, sin concesiones a la pasividad cómplice. No deja de ser extremadamente actual, sin perder la connotación histórica en la cual fue expresada. Es indiscutible que cada generación debe asumir su papel protagónico en la búsqueda de una dignidad individual y una justicia social. Pero en ningún caso se debe preterir una por la otra, dada la circunstancia que los extremos pendulares llevan al fascismo y al totalitarismo.

En nuestro contexto, la necesaria revisión de lo que somos y hacia donde queremos ir, obliga a una estructuración de programas de formación de ciudadanos, no de recipendiarios de dadivas ni de limosnas, sino de protagonistas críticos, sin gríngolas ni catecismos anacrónicos, que en vez de liberar, aturden y someten a todos a letanías y eslóganes vacuos. La destrucción de un país no la produce necesariamente una catástrofe natural, dado que por muy intensa que sea, siempre podrá recuperarse. Los heroicos ejemplos actuales así lo vaticinan. La más horrenda de las pérdidas nacionales se fundamenta en el desconocimiento del otro, del que piensa diferente, al criminalizar la disidencia y perseguirlo y torturarlo por crímenes de pensamiento. Esa sangría en el alma de una nación es de negro pronóstico y de remota curación. La búsqueda de utopías puede sembrar de crímenes fraticidas a una nación donde se exacerben los odios y se generalicen las culpas. La realidad del día a día no puede ser ignorada y lo que se vislumbra en esa cotidianidad luce lleno de amenazas. Más allá de la propaganda oficial y de las ambiciones de los adversarios, hay una sociedad que se desangra por la inseguridad, sufre limitaciones en los servicios básicos, ve mermado sus posibilidades de subsistencia por una inflación de record, anhela una seguridad jurídica esquilmada por jueces venales. Es este el escenario en el cual esta generación tiene que extremar esfuerzos para poder cumplir con su deber

lunes, 19 de octubre de 2009

Notas acerca del Socialismo del Siglo XXI

Por esa tendencia académica, muy latinoamericana, de precisar conceptos sencillos que expliquen en buena medida los temas sujetos a discusión, me he dado a tratar de identificar en que consiste el tan publicitado, aunque solo sea nominalmente, socialismo del siglo XXI.

Con base a la acciones, declaraciones y tópicos en clave de los partidarios del mencionado ¿movimiento?, ¿enfoque?, cosmovisión?, se pueden extraer algunas características básicas. Es preciso acotar que no hay ninguna toma de posición, solo se intenta describir, sin ningún apasionamiento, el esotérico concepto.

En síntesis, lo hasta ahora esbozado por las líneas gruesas de lo que se maneja en el ámbito de los ideólogos de la mencionada corriente se pueden glosar las siguientes características:
1. Una severa limitación al derecho de propiedad privada. Se promueven nuevos conceptos de propiedad.
2. El incondicional monopolio educativo y cultural del Estado. Cualquier desviación no representa diversidad sino desviación
3. La prioridad de la función social sobre el individuo.
4. Un partido, con pretensiones de convertirse en único, interprete y guía de la revolución
5. Un líder imprescindible, omnisciente, omnipotente, poseedor de la verdad y el camino.
6. Poderes públicos alineados con y para el mantenimiento de los dictados de la revolución y su líder.
7. Una democracia en el estilo de la que se practica en Cuba, donde, según resaltantes lideres del socialismo del siglo XXI, existe el genuino espíritu de la democracia del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.
8. Una desusada practica de publicidad, con preferencia en las gigantografías, en las cuales se presenta la imagen del líder, o de los pequeños lideres, sin faltar, bajo pena de pecado grave, el rostro de Supremo Timonel de la revolución.

Estos son algunos de los puntos importantes que se pueden precisar. Hasta ahora, esto es lo que hay.